El otro día fui por mis hijos al colegio y vi que una madre recibía una queja de la maestra pues su niña no había querido trabajar en todo el día, lo que más llamó mi atención es que la madre respondió al reclamo con un castigo: no saldrás a jugar en una semana. A lo que me hizo pensar ¿realmente ese tipo de castigos educan a nuestros hijos?

A mí me ha pasado que he dejado de comprar a mis hijos algún juguete o un dulce solo porque no cumplió con sus deberes, sin embargo, pienso que llega un momento en que ya no les importa.

Entonces ¿Cómo castigar para educar?

Un castigo es sano cuando limitas a tu hijo de ciertas actividades que a él le gusta, por ejemplo: ver una serie, jugar video juegos o ir algún lugar favorito de comida. Un castigo no debe sobrepasar la línea de humillación ni ser agresivo, reprenderlos enfrente de otros hará que se sientan humillados y no entenderán el objetivo del porque lo haces.

Un castigo debe ser inmediato, es decir, si han pasado vario días el niño olvidará lo que hizo y no tendrá ningún sentido, es importante que cuando regañes le expliques que es lo que ha hecho mal y castigar de acuerdo con su edad. Los castigos deben ser proporcionales, es decir, si no ha hecho una obligación en su cuarto no lo podemos encerrar un mes. Eso afectará su estado mental y no ayudará en nada.

Cuando castigues no hay que gritar, se que es a veces imposible por el enojo que nos causa, pero si gritamos esto solo enseñara a los niños a gritar cuando ellos están enojados y eso provocará discusiones a largo plazo.

Si estos castigos ya no funcionan, entonces déjalos vivir con las consecuencias, es decir, si no te bañas te iras sucio a la escuela y llevarlo sucio a la escuela. Se que a veces suena poco viable, pero esto puede ayudar cuando entrar en una etapa de apatía, más en la adolescencia.

Comparte experiencias y no te olvides siempre de que castigarlos es una última opción, sino es necesario no involucres castigos en su educación.